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miércoles, 2 de marzo de 2011

MIS DÍAS EN PALACIO

He intentado que los compañeros que llevan muchos años trabajando en el Palacio Real, me contaran anécdotas y curiosidades del mismo, pero cuando les preguntaba, decían no acordarse de nada que yo ya no supiera. Para ellos es un lugar tan conocido como lo pueda ser su casa, y no se dan cuenta que, igual que desconozco donde guardan  su  ropa interior, también ignoro las interioridades del Palacio.
En fin, que se me ha agotado la información, y visto que como me he prejubilado y mi contacto con ellos va a ser sólo cuando les visite, este apartado de MIS DÍAS EN PALACIO, lo doy por terminado.
Aunque no son buenos, os dejo dos vídeos. 

Ceremonia de presentación de Cartas Credenciales

domingo, 2 de enero de 2011

MIS DÍAS EN PALACIO XI

Ya he comentado anteriormente que el Palacio Real es como una pequeña ciudad, que se autoabastece de la mayor parte de los servicios que le son necesarios. Siguiendo esta línea y adaptándose a los tiempos actuales, dentro del recinto disponemos de: dos cajeros automáticos de distintas entidades bancarias, consulta médica permanente para cualquier eventualidad, oficina de correos,  dos cafeterías, y, hasta hace poco tiempo, había  una agencia de viaje.

De las dos cafeterías, la que está situada en los bajos de Palacio es sólo para empleados, en ella podemos desayunar o comer por poco dinero. La otra es para visitantes y trabajadores.
Respecto a ésta última me contaron una anécdota. En una ocasión y sin previo aviso, se presentó el príncipe con unos amigos. Podéis imaginar como se quedaron los camareros, turistas y resto del personal. Para poder preservar un poco su intimidad, rápidamente instalaron un biombo. Al parecer se les había hecho más tarde de lo que esperaban (no sé para qué se habían reunido), y como en Palacio hay una seguridad que no tiene cualquier restaurante, decidieron comer en su cafetería. No hubo ningún protocolo ni nada especial.  





domingo, 12 de diciembre de 2010

MIS DÍAS EN PALACIO (X)


¿Qué os parece  ver y escuchar gratis o por una mínina cantidad de dinero, a un experto violinista tocar el Ave María de Schubert o cualquier otra maravillosa composición?
El viernes, al salir de trabajar, en uno de los pasillos del metro, lo encontré. No pude pasar de largo, ni yo ni otras personas, nos quedamos a una distancia prudencial para escucharle. Una de ellas sacó el móvil, marcó un número y  lo acercó un poquito al violinista, para que la persona a quien había llamado por teléfono lo escuchara también.
Traté de imaginarme que sentiría el maestro (a mí me pareció que lo era), si tuviera la oportunidad de poder acariciar y tocar uno de los Stradivarius del Palacio Real, que conserva y expone al público, la mejor colección del mundo de estos mágicos instrumentos.
Están todos en perfecto estado, y, aunque en contadas ocasiones, se utilizan para los conciertos que se dan en el Salón de Columnas. Los empleados de Patrimonio fuimos invitados a uno de ellos, pero, sintiéndolo mucho, no puede asistir. No creo que se me presente otra ocasión.





jueves, 9 de diciembre de 2010

MIS DÍAS EN PALACIO IX

 
Además del museo permanente, los visitantes pueden recorrer los Salones Génova,  destinados,  por lo general, a exposiciones temporales de obras de arte que posee Patrimonio Nacional, más otras prestadas para la ocasión. Por supuesto no me he abstenido de visitar ninguna  de ellas.
 Una de las que más me gustó, con extraordinarias obras escultóricas antiguas, fue la de “Brillos en Bronce”,  y entre todas las piezas, a tamaño natural, la de “Hermafrodita”.
Ahora está  “Pintura de los Reinos”, que no me apasiona especialmente, encuentro que tiene demasiada pintura sacra.
En una de esas exposiciones (no recuerdo cual), me encontré con una grata sorpresa. En medio de la sala y dentro de una urna de cristal, había una especie de maletín —no mayor que los que ahora se utilizan para guardar los ordenadores portátiles—, de terciopelo color carmesí, con cerradura pequeña y llave de las de antes. Leí el cartel, “Constitución de 1812. Prestada por el Congreso de los Diputados”. 

 Me encantó; hubiese querido abrir el estuche, y pasear mis ojos con parsimonia por el contenido de las páginas de LA PEPA. Ya sé que lo puedo encontrar en Internet, pero no es lo mismo.   


Hermafrodita

miércoles, 1 de diciembre de 2010

MIS DÍAS EN PALACIO (VIII)

De nuevo, ayer, estuvo el Rey en Palacio, en esta ocasión con motivo de la entrega de los Premios Nacionales de Investigación.
Como siempre ocurre cuando hay audiencias u otros actos,  los premiados entraron por la Puerta de la Almudena al Patio de Armas, donde fueron recibidos por los subalternos vestidos de gala, y conducidos al salón donde se realizaba la ceremonia.
Estos premios, aunque importantes, son menos conocidos para el gran público, que los de las Artes y los Deportes.
Creo que fue el año pasado cuando vi a Nadal.  Acudía a una de las recepciones que dio el Rey a los mejores deportistas. Unas compañeras muy atrevidas, burlando a la seguridad (yo creo que hicieron la vista gorda) llegaron hasta él  y, a pesar de que llegaba tarde a la cita, permitió que le fotografiaran junto a ellas. Muy simpático, muy guapo, muy alto y muy fuerte.
Exceptuando a los más antiguos, la mayoría de los empleados nunca hemos visto al Rey en Palacio, pero sí sabemos cuando está dentro. A primera hora de la mañana llega la Guardia Real, después comienzan a llegar los personajes, y por último el Rey, que entra por la Puerta del Príncipe. Cuando traspasa las puertas de Palacio,  al lado de la  bandera española, se iza el estandarte o pendón Real, justo a ambos lados del enigmático reloj del Patio de Armas.  El estandarte se retira cuando el Rey se marcha.

            ESTANDARTE REAL

PATIO DE ARMAS

sábado, 27 de noviembre de 2010

MIS DÍAS EN PALACIO (VII)



El miércoles pasado hubo en Palacio  otra ceremonia de gran colorido y tradición. Al contrario que en el Cambio de Guardia, en esta ocasión,  debido a la presencia del Rey, no se permitía entrar a los visitantes, han tenido que conformarse con ver pasar la comitiva por algunas calles, o desde las rejas del Patio de Armas.
Se trata de la presentación  al Rey, de las Cartas Credenciales de los  nuevos embajadores de países extranjeros acreditados en Madrid.
Éstos son transportados uno a uno desde el Palacio de Santa Cruz, sede del Ministerio de Asuntos Exteriores, en carroza, y custodiados por los lanceros de la Guardia Real, hasta el Palacio Real.
Como dejo insertado un vídeo no entro en más explicaciones sobre la ceremonia, sólo voy a hacer unos pequeños apuntes:
—Los caballos de tiro de la carroza no pertenecen a la Guardia Real  ubicada en el Pardo, estos caballos están permanentemente en  las caballerizas que el palacio tiene en los bajos. En sencillas carrozas cargadas con tres mil kilos de peso, son entrenados por los caballerizos en EL Campo del Moro.
—Al uniforme del personal de carrozas le llaman la Federica y data del siglo XVIII.
—Como soy un poco curiosa pregunté a quien tenía que preguntar, qué les parecía a los Embajadores el pasear en carroza por las calles de Madrid, y la persona me contestó que estaban encantados. Y como seguí peguntando me explicó —siempre generalizando— que los más complacidos eran los norteamericanos (por eso de la tradición) y los representantes de gobiernos populista de Hispanoamérica, aunque yo he visto como el embajador de un país europeo muy, muy moderno, se trajo a su hija y a las compañeras de clase, para que con banderitas le saludaran al paso de la carroza por el Patio de Armas, y él encantado les devolvía el saludo.
¡Lo que son las cosas!

jueves, 18 de noviembre de 2010

MIS DÍAS EN PALACIO (VI)

Cuando era residencia de los reyes (incluso algunos años después),  las personas a su servicio nacían y vivían en la cuarta y última planta de Palacio. He conocido a una de ellas que se ha jubilado hace poco.

Por razones  de seguridad, el oficio o profesión pasaba de padres a hijos, por lo que había familias enteras que vivían y trabajaban dentro de sus muros. Todavía hay varias en la que la mayoría de sus miembros trabajan aquí.

Una parte de estas casas hoy son oficinas, y el resto están cerradas desde años, pero todas ellas conservan el número en la puerta. Visitando los despachos, se puede deducir, por sus dimensiones, cuales pertenecían al personal más cualificado y cuales a los menos, pues no tenía la misma casa un jardinero que un escribano.  

sábado, 13 de noviembre de 2010

MIS DÍAS EN PALACIO (V)

Patrimonio Nacional cuenta con una colección de unos seiscientos relojes antiguos, que son verdaderas obras de arte. De que todos funcionen, se encargan los expertos relojeros de Palacio. Están hechos, entre otros materiales, con maderas nobles, oro, plata, marfil... La mayoría datan de la época de Carlos IV, rey al que le apasionaban estos artilugios, llegando a reunir cerca de dos mil, a los cuales se encargaba personalmente de dar cuerda.

Entre mis favoritos está el reloj jaula, que me parece un modelo sencillo, elegante e ingenioso. Puesto que el reloj está situado en la base, para poder ver la hora la jaula ha de estar colgada, y tener debajo una mesa en la que el tablero sea un espejo.

El que está en el Patio de Armas es para mí una incógnita, que, aunque he intentado desvelarla preguntando a unos y a otros, no lo he conseguido. Da los cuartos, las medias y las horas, pero… como sólo tiene una manecilla, nunca marca los minutos correctamente. 






                                                 






    

lunes, 8 de noviembre de 2010

MIS DÍAS EN PALACIO (IV)


Todos los años, junto con el presidente de Patrimonio Nacional y demás jefes, todos los empleados tomamos la copa de navidad en el Salón de Columnas, salón en el que se firmó el Tratado de la Unión Europea.
Es el momento  ideal para contar chistes y anécdotas, algunas de las cuales os voy a referir. 
El protocolo exige que se cuiden los más mínimos detalles, así que,  para no herir sensibilidades, cuando lo visita algún dignatario árabe hay que sustituir una de las estatuas de bronce —alude a la expulsión de los moros de España— por otra.
La siguiente se refiere también a la visita de otro gobernante, al que se le obsequiaba con un espectáculo flamenco. Se instaló  un tablao, y a la hora de pintarlo, a un operario se le derramaron cinco litros de pintura negra en un extremo de la magnífica alfombra que cubre la mayor parte del suelo. El equipo especial de limpieza se puso en marcha y, trabajando día y noche, en la fecha prevista lució como si nada hubiera ocurrido.
Otra curiosidad —los entendidos en flamenco pueden que lo sepan— es que la bailaora pidió que se vertieran veinticinco litros de bebida de cola por el escenario, para que, una vez seca, no se resbalara al bailar.


viernes, 5 de noviembre de 2010

jueves, 4 de noviembre de 2010

MIS DÍAS EN PALACIO (III)

Ayer, como todos los primeros miércoles de mes (excepto cuando el rey tiene audiencias, las condiciones climatológicas no lo permiten,  y los meses de verano) hubo cambio de guardia. Es un espectáculo de gran colorido, con banda de música y caballos, pensado especialmente para los turistas, ya sean nacionales o extranjeros. Con sus mejores galas la Guardia Real inicia el recorrido desde la explanada  de la puerta del Príncipe (es decir la  puerta principal que está orientada a la plaza de Oriente), para entrar por la puerta de la Almudena al Patio de Armas, donde previamente se han instalado unas gradas. Allí hacen su exhibición durante una hora.
El ceremonial data de la época de los Reyes Católicos.
El primer día  presencié la demostración desde el principio hasta el final, pero, como a todo nos habituamos, ahora me limito a ver pasar la comitiva desde la ventana de mi despacho, en particular a los caballos que, junto con los toros son los dos animales que más me gustan,  la bellaza y prestancia de ambas figuras me parece inigualable.
Terminada la exhibición la banda de música da un concierto en la explanada de la Puerta del Príncipe.    
La entrada es gratuita, y hay que ir con tiempo pues tanto las gradas como fuera de ellas se llenan por completo.

domingo, 31 de octubre de 2010

MIS DÍAS EN PALACIO (II)

Es fácil perderse en Palacio, está lleno de habitaciones que se comunican, escaleras, pasillos, armarios, puertas y puertecitas, por lo que a un mismo lugar se puede acceder por distintas escaleras y pasillos.
Al poco tiempo de empezar a trabajar me dice un compañero que  lleva más de veinticinco años en Palacio: “voy a la cuarta planta, a reprografía, ¿quieres venir conmigo?, así vas conociendo y familiarizándote con las peculiaridades del edificio y con los colegas”. Yo encantada.
 A la vuelta decidió volver por un recorrido distinto del de ida. Después de franquear varios pasillos y despachos, terminamos en el lugar de partida. Repetimos la operación, y lo mismo. Regresamos por donde habíamos venido.
El primer despacho al que me destinaron en la primera planta, fue en su día el vestidor de Alfonso XIII, que todavía conserva las puertas en madera labrada  del armario (ahora se utiliza como archivo). Observé que el fondo del mismo coincidía con una pequeña puerta, no mayor que una ventana, situada cerca de una de las escaleras de salida.
En las películas y novelas cuando dos amantes furtivos se citaban, yo no podía evitar pensar: “les van a pillar, les van a pillar, no deben arriesgarse tanto”, pero no les pillaban. Viendo los recovecos de Palacio lo comprendí.
Es un lugar en el que, si se es dado a soñar, la imaginación puede perderse.

miércoles, 27 de octubre de 2010

MIS DÍAS EN PALACIO (I)

En mayo de 2008 pasé a formar parte de la lista del paro, y a primeros de julio de ese mismo año el INEM me envió, ¡bendito sea!, a trabajar al Palacio Real de Madrid.
No voy a hablar del trabajo que estoy realizando, sino del mundo que descubrí dentro de los muros de Palacio, ya que es como una pequeña y autosuficiente ciudad en la que trabajan: carpinteros, jardineros, administrativos, albañiles, intérpretes, electricistas, restauradores, relojeros, conserjes, informáticos…O sea, casi todo tipo de operarios y profesionales, que se afanan por mantener en perfecto estado el edificio y la cantidad y valiosas obras de arte que alberga. Algo parecido sucede con el resto de palacios, monasterios y edificios que constituyen el Patrimonio Nacional, aunque la administración de todos ellos está centralizada en el Palacio Real.  
En el tiempo que llevo trabajando allí he descubierto cantidad de curiosidades que la mayoría de vosotros, supongo, ignoráis, al menos yo las desconocía. Y eso es lo que quiero ir contándoos.
 Deseo hacer constar que Patrimonio (que es de todos los españoles) seguiría existiendo con rey y sin él, aunque es un aliciente más para los turistas que lo visitan (muchos de la cuales preguntan si el rey vive en él), al igual que lo son los cambios de guardia y la presentación de Credenciales (también os hablaré  de ello).
Bueno, iré haciendo entregas, espero que las leáis y las comentéis.