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domingo, 27 de noviembre de 2011

QUIERO QUE ME QUIERAN ASÍ

 
   Levantó la vista del libro que estaba leyendo y llenaba sus largas horas de hospital, giró lentamente la cabeza hacia la derecha y sus ojos, que no buscaban nada en concreto, se detuvieron en la habitación situada enfrente al otro lado del pasillo. Ambas tenían la puerta abierta. 
   Inclinado sobre la anciana que reposaba en la cama, el joven la acariciaba el rostro, apartando con delicadeza el rebelde mechón blanquecino que le caía sobre la frente. Se inclinó un poco más como si quisiera susurrarla algo al oído. 
   No era adecuado mirar con tanta insistencia, e intentó seguir con la lectura. Imposible, la escena la había atrapado por completo, así que optó por alejarse. Después del paseo por el largo pasillo la escena de ternuras y mimos continuaba, igual que cuando regresó de la cafetería.
   Su mirada era ahora descarada. Con disimulo se acercó a la puerta de la habitación, y preguntó:
-¿Es su abuela?
-No, pero como si lo fuera, mi abuela, mi madre, mi tía, mi amiga... todo, lo es todo para mí.
-Aunque no me oiga, quiero felicitarla, porque para que la quieran así, debe de haber sido una maravillosa y bella persona.
Y pensó, "quiero que me quieran así". 

lunes, 1 de noviembre de 2010

VIVENCIAS

Me desperté antes de lo previsto, a mi mente le urgía espantar el pensamiento que, por culpa del  negativo de mi sangre, durante los últimos meses me había acompañado. A veces, tal pensamiento se me pegaba en la sesera igual que un chicle, que por más que lo estiraba no conseguía desprender; al contrario, crecía y crecía hasta formar, conmigo dentro, una descomunal pompa que me ahogaba.
—¿Es normal? ¿Está bien? —fueron mis primeras palabras.
—Sí, y está perfectamente.
—¿Qué hora es?
—Las tres y media.
Escuché a la misma enfermera comentar: “Que pregunta más rara. ¿Para que querrá saber la hora?”. Y un eco lejano  que repetía: “Es una niña preciosa, es una niña preciosa, es una…”
Sabía que mi hija había nacido sin problemas, y a que hora se había consumado mi anhelo. Ya me podía abandonar de nuevo al sueño inducido. 

miércoles, 10 de marzo de 2010

A MI AMIGO JUAN

     Hace unos días, tras una enfermedad de dos años, perdí a mi gran amigo Juan. Era un agricultor de almas jóvenes, que cuidaba con esmero sus cosechas, un espíritu laborioso y puro que no sabía de maldades. En él acuné mis penas cuando la vida me zarandeó, y también mis alegrías, que para eso son los amigos verdaderos. Sé que soy muy afortunada por haber contado con su amistad, y ahora que ya se ha ido, me siento igual que si me hubiera quedado huérfana.

     Nos quedó pendiente —siempre estaba ocupado con sus chavales— una visita juntos a la tierra que me vio nacer y donde pasé mi infancia. Yo le contaba muchas cosas de mi niñez, y él me escribió el poema que al final incluyo.

     Lamento no haber podido estar más cerca para arroparle los últimos meses de su enfermedad: la distancia tuvo la culpa.

     Te mando, Juan, allá donde estés, el más sincero y caluroso abrazo.



LAS CENIZAS DEL NIDO



Cuando se regresa a la casa de antes

y se levantan los postigos de la infancia,

se tropieza con los recuerdos de la otra época

y el tiempo se desvanece...

Las huellas del pasado hieren el alma.

Todo es un campo de plumas

que el tiempo ha desolado...

Nada es capaz de apagar las velas tristes de la memoria.

 
Incluso el cuerpo con tirones de años

y desgajos de otra carne y otra piel,

se vuelve adolescente, tan sensible y virgen,

que se requiebra con los recuerdos

como si ahora fuera y ocurriera

ese todo permanente que nunca escapa,

parte de la carne en que vivo

parte de la vida que me agita...