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sábado, 13 de agosto de 2011
miércoles, 27 de abril de 2011
LO DULCE Y AMARGO DE MI VISITA
Esta Semana Santa he estado en mi pueblo, todo él huele a celindas, y el campo a jaras.
El verde majestuoso que cubre la montaña y el llano, se ve salpicado del blanco y amarillo de las margaritas salvajes y de las retamas (en mi pueblo le decimos escoberas, y antaño, cuando sus ramas se secaban servían para hacer escobas), del morado del tomillo, del rojo de las amapolas, y de multitud de colores de otras florecillas. Y al fondo el pico Almanzor nevado.
Solamente un hecho ha amargado mi visita. Con una falta absoluta de sensibilidad, el señor Alcalde, para agenciarse en las próximas elecciones, los votos de los vecinos que se quejan de que no pueden bailar bien en la plaza, está substituyendo el empedrado antiguo de las calles, por piedras lisas y modernas, lo cual me parece un verdadero atentado histórico/cultural. Mi madre, que tiene ochenta y ocho años, ya conoció la plaza así, y mi abuela, que ya murió, también. Con una sola diferencia, antes, entre piedra y piedra había tierra, y cuando hicieron el alcantarillado lo remplazaron por cemento. Ya que en algunas zonas los cantos sobresalen, y en otras falta el cemento, una solución intermedia hubiese sido la adecuada, así se conservarían los rollos y la plaza se haría más transitable.
El pueblo hace años que fue declarado Conjunto Histórico-Artístico, y supongo que tal honor no le fue concedido, entre otras cosas, por piedras nuevas.
¡Ay mi querido pueblo!, donde pasé los años más felices de mi vida correteando por tus calles, y jugando en las lanchas (algunas me las sé de memoria) de los soportales de la plaza. Duele que me quieran borran tu recuerdo.
Grabé un vídeo, pero no he sido capaz de descargarlo, así que os dejo uno que he encontrado en Internet, donde se aprecia un poquito el empedrado.
domingo, 30 de enero de 2011
INVITACIÓN
Muchas veces me pediste que te escribiera una carta de amor, te hacía ilusión, no importaba que nos viésemos diariamente, tú querías una carta de amor a toda costa. Yo... enredada en mi trabajo y en las cosas cotidianas de cada día te decía: “Mañana”, para al día siguiente, ante tu nuevo requerimiento, contestar: “Hoy no tengo tiempo, lo haré en otro momento”.Y así pasaron las semanas, los meses y los años.
Es ahora, que ya te has ido, cuando me lo pide el corazón, me lo está exigiendo, porque quiere gritar –aunque sea a tu silencio- lo que entonces no te dijo. Me despisté, y no caí en la cuenta, de que al oído también le gusta sentir la dulzura que transmite al alma el sonido de ciertas palabras. No me daba cuenta de tú presencia, como no me daba cuenta de que existe el aire, simplemente estabas. Atolondrada, apenas notaba tu existencia, tenía mis ideas, mis proyectos, mi vida programada, y tú... un eslabón más de la cadena.
No hace mucho fue el día de nuestro aniversario. ¡Cinco años ya! Y sabiendo que tu ego no te permite dar el primer paso, intenté el acercamiento, y a la vez me aseguré de que tus sentimientos hacia mí seguían intactos. ¡Ni te diste cuenta! Ingenuamente creíste que fue casual, pero yo, en mi deseo de recuperarte, había preparado el encuentro con esmero. Me duché, lavé y peiné mis cabellos, me maquillé, perfumé, y me puse el vestido que tanto me favorece, el que llevaba el día que nos conocimos y que aún conservo. Estaba espléndida, me sentía más Eva que nunca. Puntual, a la hora en que sé que pasabas por cierto lugar, estaba también yo haciéndome la despistada, como quien no quiere la cosa. Te vi venir de lejos, pero dejé que fueses tu quien me descubriera primero. Te acercaste, charlamos; tú, con la cabeza baja, yo, buscando tu mirada. Por un momento tus ojos se encontraron con los míos. Fue sólo un instante, después... murmurando repetías: “No puedo, no puedo, no puedo mirarte”, y a toda prisa huiste de mí. Sí, fue sólo un segundo, más en ese segundo yo leí en tus ojos todo lo que tu corazón quería decirme, y que tu boca sellada no repetía. ¡Hay ese maldito orgullo!, nos está destrozando a los dos. Te vence, y no puedes ni quieres mirarme a los ojos, porque en cuanto enfrentas mi amorosa mirada, y contemplas mi boca sensual, se te caen los palos del sombrajo. Siempre tu orgullo, tu férreo orgullo, y también tu cobardía: te falta valor para enfrentarte al mundo y a todos, a ti el primero ¿Cuándo harás caso a tu corazón? ¿No ves que yo no entiendo de rencores?
Cada día que pasa, se me preña más el alma de añoranzas de ti, de tus caricias, de tus cuidados, de tus cariños; porque tú eres un hombre tremendamente cariñoso ¿lo sabias? Y... ¿sabias que eran tus cariños y tus mimos los que me ataban a ti?. Mimos y caricias que me regalabas, y que yo codiciosa consideraba de propiedad privada. Recuerdo, por ejemplo, cuando me decías: “Mi niña, no hagas eso, no cojas peso que te puedes hacer daño”.Y yo te respondía: “Mímame siempre así”. Acostumbrada a tenerte cerca, me es difícil concebir la vida sin tu presencia y tu persona literalmente prendidas en mí, a mi lado, muy pegadito, entregado por completo, con ansia, siempre hambriento, nunca lleno, como un niño glotón que jamás se encuentra satisfecho. Y ahora, dime, ¿dónde estás? ¿Quién está usurpando mis regalos?
Son las once y media de la noche, nuestra hora mágica antes de entregarnos en los brazos de Morfeo, y porque para mí sigue siendo esa hora mágica, cada noche evoco tu recuerdo, y mi mente te llama, te cita en la distancia, te invita a la fiesta y te regala un “youyou”, ese juego amoroso que me inventé y en el que al final siempre repetías: “¡Pecado! ¡Por fuerza tiene que ser pecado tanto goce!”.
Y hoy, más que nunca, quiero pecar contigo, pecar mortalmente, porque siento mis manos, mi boca y todo mi cuerpo cargados de lujuria, y me quiero descargar en ti, y con mis exuberantes labios de hembra abrazar tu virilidad, narcotizarte y hacerte un yonqui, un adicto a mí.
Bueno, la invitación está hecha, por si aparcando tus miedos y tu orgullo, tienes a bien acudir a la cita. Esperaré con los brazos abiertos.
viernes, 28 de enero de 2011
CIVISMO
Tengo la costumbre de observar a la gente que me rodea, no hay premeditación por mi parte, lo hago sin darme cuenta. Sin darme cuenta, también, analizo pequeños detalles en el comportamiento que, para mí, denotan rasgos de su personalidad, son como fotografías inesperadas. No soy psicóloga, así pues, bien pudiera estar equivocada y lo único que demuestra es que soy una puntillosa.
La calle, el parque, el metro, o cualquier otro lugar público, está a nuestra disposición para su utilización y disfrute, de nuestro sentido del civismo dependerá que se mantengan limpios, que transitemos con comodidad, y que todo resulte más cómodo y fácil.
Lo que detallo a continuación, me indica que hay personas que están un poquito faltos de él.
— La persona que fuma por la calle y al llegar a la boca de metro, tira la colilla al suelo, justo delante de la papelera/cenicero colocada allí para tal fin.
— Quien en las escaleras mecánicas se instala en la izquierda obstruyendo el paso a los que llevan prisa, e incluso se molestan cuando les pides que se aparten.
— Los jóvenes que en el metro ponen la música tan alta que, a pesar de llevar cascos, se escucha en la mayor parte del vagón. Quizás piensan que nos ha de gustar a los demás lo mismo que les gusta a ellos. Esto me irrita especialmente cuando voy leyendo, porque impide que me concentre en la lectura.
— Cuando caminamos por la derecha y encontramos a otra persona de frente, la cual no se aparta, teniéndolo que hacer nosotros. Si hay mucha gente transitando, se suele armar un pequeño barullo.
— Quienes sacan la basura justo cuando acaba de marcharse el camión de la recogida.
— Quienes consideran que el suelo es el lugar idóneo para aparcar todo tipo de desperdicios.
sábado, 15 de enero de 2011
LA CONCIENCIA HABLA
Mi querido cuerpo, llevo un rato gritando a tu puerta, no te extraña ¿verdad? Estoy harta de llamarte día tras día y de que no me contestes, así que hoy he decidido aporrearla, y no pienso dejar de hacerlo hasta que me escuches. Lo he intentado todo: una nota de ligero mareo, varios faxes de dolor de cabeza, un e-mail con virus digestivo, y hasta un telegrama urgente de amago de infarto. Pero tú, como siempre, columpiándote en un precipicio.
¿Recuerdas esas velas de cumpleaños que, aunque las soples cincuenta veces, nunca se apagan?, pues así voy a ser yo, esa llamita obstinada a la que no podrás apagar por mucho que lo pretendas.
¡Lo ves!, tengo razón, sigue, sigue con la botella, que ella te va a ayudar a solucionar tus problemas, y, como el tabaco es un alimento natural para tus bronquios, fúmate otra cajetilla más, y otra, y otra… Ahí los tienes, tus dos mejores amigos, siempre a tu lado, ¿no te das cuenta de que esas raposas consiguen que cada vez me tengas mas hipotecada? Miope, que eres un miope, ¿acaso no ves que estás agarrado a una cuerda sujeta de la nada?
No te quejes, cuerpo, de que tienes una indigestión de soledad, ni de que ningunos ojos vigilantes te acarician y te leen la mirada, sólo tú eres el culpable, no se lo achaques a otros.
Silencio…
Lloras… eso está bien, llora todo lo que quieras, no me importa que me inundes, así lloraremos los dos. Llorar es bueno, afloja y descarga la desazón.
Ahora estampas la botella contra la pared, mejor todavía, ya has roto un eslabón de la cadena, continua así, y después, échalos todos al fondo del mar y quédate conmigo, porque entiende, cuerpo mío, que yo sin ti no puedo vivir, porque sin ti no soy nada.
Anda, amado cuerpo, lávate la cara como te has lavado el alma, y toma un poco de leche que hay en el frigorífico.
¿Qué te parece si nos vamos a dormir un rato? Estoy segura que mañana lo verás todo de un nuevo color, pero no te confíes, porque yo, que sí que te amo, estaré siempre al acecho.
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