lunes, 14 de febrero de 2011

AMADA CONCIENCIA

       Mi querida conciencia:
Es la enésima vez que apelo a tu razón de ser, y nada me haría más feliz que empezaras a hacer honor a tu nombre. Te he hecho llegar varios mensajes desconsolados comunicándote mis necesidades, sin que te hayas dado por enterada. Esto, más que una carta, es un burofax urgente con acuse de recibo, porque debido a tu descontrol, esas hormiguitas hacendosas que son mis células, han empezado a comportarse de manera extraña, y  me tiene muy, pero que muy preocupado. Si no me respondes, sólo se me ocurre una cosa, ponerme un letrero en la frente que diga: “Perdida conciencia, se la reconoce por su sinrazón”. A lo mejor sientes vergüenza y reaccionas.
Este cuerpo tuyo ya no puede más, tus virus mentales que te despeinan el ánimo y a mi  me vampirizan, me tienen hecho un guiñapo. Y para colmo no me alimentas debidamente, igual estoy varios días en completa abstinencia, que luego tu gula descomunal me desborda.
¿Cómo vamos a descansar  si cada noche llenas nuestra cama de problemas imaginarios? ¿Cuándo vas a desenmarañar la madeja que tienes en la sesera? Así no vamos a ningún sitio, despierta, por favor, porque lo que hagas contigo me lo haces a mí, que ambos nos necesitamos, no podemos vivir el uno sin la otra, es nuestro sino.
¿Sabes, amada mía, que mis ojos vigilantes están pendientes de ti día y noche, y que mi única jurisdicción son tus pensamientos? Y es que sin ti sólo soy pura materia,  en cambio, caminando juntos,  somos únicos.
 Propongo que le demos una fuerte patada al desaliento, si los haces, para compensarte, te voy a regalar cada día una guirnalda tejida con gran variedad de flores, tales como: alegrías, sueños felices, ánimo, fuerza, resistencia, armonía, amor, cariño, y muchas más que ahora no te voy detallar porque la lista es extensa. Con ellas prendidas luciríamos espléndidos.  
¿Ries? ¿No te estarás volviendo loca, verdad?...  No, no es eso, ¡Menos mal! Lo que percibo son  pequeños garabatos de esperanza. ¡¡Uf!! ¡Qué alivio!
Ahora me toca a mí, pero yo no río, lloro, y lo hago de alegría y regodeo, porque por fin se te ha encendido la bombillita de la razón. ¡Dios mío, que sea de larga duración!
¡Ay! Me siento agotado después de esta disertación, supongo que tú también. ¿Descansamos?
Presiento que esta noche va a ser diferente.
Que duermas bien, mi reina.

Tu cuerpo